La frontera entre Perú y Bolivia se ha consolidado como uno de los principales puntos de ingreso de mercadería ilegal al país debido a la limitada presencia estatal y la facilidad para evadir controles.

Desde electrodomésticos hasta productos de consumo masivo como cigarrillos, el contrabando forma parte de una red cada vez más compleja que impacta la economía formal y debilita la capacidad de fiscalización del Estado.

Las rutas de ingreso atraviesan puntos como Tilali y Desaguadero, desde donde la mercadería es trasladada hacia ciudades como Juliaca, Arequipa y Lima. En estas zonas, viviendas cercanas a la frontera son utilizadas como centros de acopio clandestinos, mientras que el transporte se realiza mediante rutas alternas e incluso embarcaciones a través del lago Titicaca, facilitando el flujo constante de productos ilegales.

Silvia Hooker, secretaria técnica de la Comisión de Lucha contra el Comercio Ilícito de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), advirtió que el contrabando ha evolucionado hacia esquemas más organizados y sofisticados. “El contrabando ya no es un fenómeno aislado: opera a través de redes organizadas que afectan la economía formal, reducen la recaudación fiscal y evidencian la necesidad de fortalecer las acciones de control y fiscalización”, señaló.

Expansión, rentabilidad y sofisticación del comercio ilícito

El caso de los cigarrillos refleja con claridad los incentivos económicos que impulsan estas redes, ya que la brecha de precios entre el producto ilegal y el formal genera altos márgenes de ganancia y explica por qué esta actividad resulta altamente atractiva para las organizaciones ilegales, afectando la recaudación fiscal, la economía formal y la protección de los consumidores.

Este patrón se repite en productos como combustibles, bebidas y bienes de consumo masivo. La alta rentabilidad, sumada a la limitada capacidad de control y fiscalización en zonas críticas, permite que estas redes operen y se expandan a nivel nacional.

Además, estos productos no solo se comercializan en mercados físicos, sino también a través de redes sociales y plataformas de ecommerce, facilitando su distribución directa a consumidores en distintas regiones y ampliando el alcance del comercio ilícito.

Este escenario demuestra cómo el contrabando ha evolucionado hacia esquemas más complejos y organizados, lo que refuerza la necesidad de fortalecer las acciones de control, mejorar la fiscalización y ejecutar estrategias integrales para enfrentar este fenómeno de manera más efectiva.