Aurora Caruajulca

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Cada domingo al finalizar la noche, en América Televisión, un periodista abre expedientes que parecían cerrados y revive casos que aún reclaman justicia.

La voz es la de Julio Chuquitaype, conductor de “Evidencia Oculta”, un programa que ha conseguido renovar el género policial televisivo con dramatizaciones cinematográficas y rigor periodístico.

El suyo no es un relato cualquiera: es un intento por devolver la memoria a casos que la justicia no cerró del todo o que la opinión pública había dejado en el olvido.

Chuquitaype no es un rostro improvisado frente a cámaras. Detrás de su presentación hay más de una década de reportería dura en las calles, cubriendo narcotráfico, minería ilegal, corrupción y crimen organizado.

Antes de liderar “Evidencia Oculta”, ya era —y sigue siendo— reportero del Cuarto Poder, el espacio dominical donde se forjó en la investigación televisiva. Sin embargo, reconoce que este proyecto le abrió otra faceta: la del periodista que se convierte también en narrador, conductor y puente directo con el público.

“Lo principal siempre ha sido contar buenas historias”, dice Chuquitaype. Desde el set de Pachacamac, dirige la presentación del programa policial tipo documental, donde se reconstruyen casos complejos con el mismo rigor, pero con un lenguaje visual que atrapa a la audiencia y la obliga a reflexionar.

“Sin saber mucho de qué se trataba, fui a pasar un casting y después de semanas me llama Jorge Grippa junto con Rosana Cueva y me dicen que he sido elegido. Y desde ahí comenzó este viaje que ha sido una experiencia increíble, porque me permite explorar otra faceta en mi carrera y, sobre todo, el cariño de la gente”, destacó.

RETO. “Evidencia Oculta” nació como un reto de ocho a diez capítulos, pero el público lo adoptó rápidamente. Hoy, en su segunda temporada, ha dejado de lado las fronteras limeñas para viajar a regiones donde el crimen y la impunidad también tienen historias que contar: Cajamarca, Chiclayo, Ica, Trujillo.

“El nivel de producción, de rigurosidad, de despliegue de todo el equipo para hacer las dramatizaciones, para conseguir a los actores de la Escuela Nacional de Arte (...) No se ha hecho antes en la televisión con ese nivel de presupuesto”, anotó Julio.

La propuesta no es solo técnica. En cada episodio, Chuquitaype cuenta que todo el equipo comprometido en el proyecto busca a todos los protagonistas: fiscales, jueces, peritos, policías, testigos y, sobre todo, familiares.

Historias como la de Eyvi Ágreda o la de Katherine Gómez, ambas víctimas de feminicidio, lo marcaron profundamente. “Escuchar a las madres fue durísimo (...). Más allá de contar historias, buscamos visibilizar casos que tal vez no han encontrado justicia o que han sido olvidados. Tratar de darle voz a aquellas historias que quizá quedaron dormidas. Eso es lo que nos permite el programa”, acotó.

Ser conductor no ha borrado al reportero de calle. Chuquitaype sigue yendo a zonas remotas, a veces con el agua a la cintura, acompañando a la Marina o la Fiscalía en operativos contra la minería ilegal. Esa experiencia nutre también al narrador televisivo que aparece los domingos por la noche: su voz no es impostada, viene de alguien que conoce el barro, el humo y la crudeza de los escenarios que retrata.

“Siempre a los estudiantes les preguntó en qué ciclo están. Es importante que puedan salir a la calle. Solo así podrán desenvolverse mejor en la carrera”, destacó.

OJO AL DATO

13

abril

fue el primer episodio de “Evidencia Oculta”.

2

acciones

principales tiene Julio en su vida: hacer deporte y pasar tiempo de calidad en familia.

4

años

se forjó como reportero de noticias y luego siguió en los dominicales.