Magaly Moromagalymoro@prensmart.pe
Fabiana (31 años, La Molina). Doctora Magaly, necesito urgente su consejo. Me comprometí con Marco Polo y estábamos felices… hasta que empezamos a planear la boda. Desde el principio, tuve claro que quería algo íntimo: una ceremonia civil con nuestras familias. Nada ostentoso. Pero Marco Polo se ha transformado en un wedding planner obsesivo y parece que en su mente somos de la realeza.
Dice que nos casaremos en la catedral más grande de Lima. Sueña con una recepción en un club campestre con cascadas de luces, una pista de baile iluminada y un buffet con 10 estaciones gastronómicas.
Hasta me mostró cotizaciones de una entrada en carruaje jalado por caballos blancos y un espectáculo de fuegos artificiales sincronizados con nuestra canción favorita.
Cada vez que intento decirle que eso es demasiado, me dice: “¡Dalila, esto es una vez en la vida!”. Yo prefiero ahorrar para nuestra casa, pero él dice que “la boda es la prioridad” y que ya veremos después cómo pagamos todo.
Mi familia me dice que ponga un alto, que una boda no es una feria de entretenimiento, sino un compromiso entre dos.
Pero la familia de Marco Polo me ve como la “novia aburrida” que no quiere una celebración “digna de su hijo”.
Doctora, yo lo amo y quiero casarme con él, pero no quiero empezar nuestra vida juntos con una deuda que dure más que el matrimonio. ¿Qué me aconseja?
OJO AL CONSEJO
Querida Fabiana, una boda es solo el inicio de su vida juntos, no el destino final. Si ya están chocando por el presupuesto, cómo será cuando enfrenten decisiones más grandes, como comprar una casa o tener hijos. Habla con Marco Polo desde la razón, no la emoción: pídele que definan juntos un presupuesto realista y que prioricen lo que de verdad importa.