La evidencia científica más reciente indica que no existe una cantidad de alcohol completamente segura para la salud. Diversos estudios y guías de entidades sanitarias señalan que cualquier consumo, aunque sea bajo, implica un riesgo para el organismo. Beber alcohol, incluso en cantidades moderadas, se ha asociado con un mayor riesgo de cáncer, enfermedades hepáticas y otros problemas de salud a largo plazo.
Durante años se pensó que un trago al día podía aportar beneficios al corazón. Sin embargo, investigaciones más recientes han cuestionado esa idea y sugieren que los efectos positivos observados se debían probablemente a otros factores relacionados con el estilo de vida, y no al consumo de alcohol en sí mismo.
En este contexto, organizaciones de salud señalan que la única manera de evitar los efectos adversos del alcohol es no consumirlo y que, a menor ingesta, menor es el riesgo de daño. De esta manera, para quienes valoran el cuidado de su salud, la mejor opción es no beber alcohol.
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