Después de los 50, una alimentación baja en fibra puede pasar factura. La fibra ayuda a mantener una microbiota saludable, favorece el tránsito intestinal, mejora la saciedad y contribuye al control del colesterol y la glucosa.
Si cuesta llegar a los 25 a 30 gramos diarios recomendados, una estrategia sencilla es incorporar bebidas que aporten fibra.
Un vaso de avena preparado con ½ taza de hojuelas crudas aporta alrededor de 4 a 5 gramos de fibra. Una bebida de linaza elaborada con 1 cucharada sopera (10 g) aporta cerca de 3 gramos de fibra. Y un emoliente preparado con ingredientes tradicionales como cebada, linaza, cola de caballo y hierbas puede aportar entre 2 y 4 gramos de fibra por vaso, dependiendo de la receta y de la cantidad de sedimento que se consuma.
Lo importante es que estas bebidas conserven parte de la fibra original y no sean solo agua saborizada. Evita licuarlas o colarlas. Procura que al menos una de tus bebidas diarias aporte entre 3 y 5 gramos de fibra.




