Durante años nos dijeron que el desayuno era la comida más importante del día. Hoy la ciencia tiene una mirada más flexible.
Como nutricionista clínica, mi objetivo no es que todos desayunen a las 7 de la mañana. Lo importante es que la primera comida ocurra cuando realmente aparece el apetito y permita cubrir las necesidades nutricionales del día.
Hay personas que no sienten hambre al despertar. Si gozan de buena salud y esa primera comida se retrasa una o dos horas, no suele representar un problema. Lo que sí me preocupa es cuando esa demora termina en picoteos poco saludables o en llegar al almuerzo con tanta hambre que comen rápido, en exceso y luego sienten un marcado bajón de energía.
Mi recomendación es que escuches tu apetito, pero no improvises. Más que la hora exacta, lo que realmente marca la diferencia es la calidad de esa primera comida y cómo influye en el resto de tu día.




