No basta con que un suplemento diga omega 3 en grande. Lo más importante está en la letra pequeña. Hoy la evidencia científica presta especial atención a la cantidad real de EPA y DHA, los dos omega 3 más estudiados. Muchos productos contienen aceite de pescado, pero aportan poco EPA y DHA por cápsula.
En mujeres en transición menopáusica, inflamación leve o triglicéridos altos, varios estudios recientes han observado mejores resultados cuando el EPA está en mayor proporción o más concentrado. Por eso conviene revisar cuántos miligramos reales aporta cada cápsula y no solo el aceite total.
También importa el origen. Los suplementos elaborados con peces pequeños como anchoveta o sardina suelen tener menor acumulación de metales pesados. Otra señal importante es que indiquen procesos de purificación y certificaciones de calidad, como IFOS o pruebas de contaminantes.




