Después de los 40–50 años, la pérdida de masa ósea, es decir, de densidad, puede avanzar sin dar síntomas. No duele… hasta que aparecen fracturas. Por eso no basta con “sentirse bien”, hay que medir.
El examen importante es la densitometría ósea (DXA). Es rápido, no invasivo y mide la densidad en columna y cadera. El resultado se expresa en T-score: mayor a -1 se considera normal; entre -1 y -2.5, osteopenia; y menor a -2.5, osteoporosis.
Si el resultado es normal, cada 2 a 3 años; si hay osteopenia, el médico ajusta el control.
Como complemento, se puede medir la vitamina D (25-OH) en sangre, con un valor ideal igual o mayor a 30 ng/mL. Según el caso, el médico puede indicar suplementos de calcio, vitamina D o vitamina K, e incluso tratamiento farmacológico si es necesario.
En la alimentación, se recomienda llegar a entre 1000 y 1200 mg de calcio al día. Por ejemplo, un vaso de leche aporta alrededor de 300 mg y 30 g de queso cerca de 200 mg. También asegurar suficiente vitamina D. Tus huesos no avisan, pero sí responden cuando los cuidas.




