Muchos pacientes me dicen que comen poco, pero al revisar su día aparecen bocados frente a la computadora, snacks mirando televisión o comidas completas mientras responden mensajes.
La ciencia empieza a explicar por qué importa. Un metaanálisis publicado en The American Journal of Clinical Nutrition en 2026, que reunió 50 estudios, encontró que comer distraídos se relacionó con una mayor ingesta de alimentos posteriormente. La televisión, además, parece favorecer que comamos más.
No creo que la solución sea convertir cada comida en un ejercicio de meditación. Propongo algo mucho más sencillo. Recuperar la atención al comer.
Empieza con una comida al día sin celular, televisión ni computadora. Siéntate, come más despacio y, a mitad del plato, pregúntate. ¿Todavía tengo hambre o simplemente sigo comiendo?
Cambiar el hábito a veces empieza dándonos cuenta de lo que estamos comiendo.




